Un cuento

C, de Claudia
 Ella, es la última en demostrar que tiene miedo. Ella, es la que nos mueve. La que lo ve todo con los ojos bien abiertos y aún así con la cabeza llena de pájaros. Ella es Claudia.La de los ojos bonitos y sus bailes en todos sitios. La que tiene voz de ángel y enamoró a medio colegio. La que no esperaba al amor y aún así éste llamo a la puerta. Y llamó para quedarse. La chica X que lo tiene más que calado. Y no hace falta verlo, para creerlo.Ella, que sueña con los ojos abiertos y se muere por cantar. Por él.¿Quién lo iba a decir? Quién iba a decir que ella y yo nos íbamos a querer así. Quién iba a decir que la vida nos regalaría tanto a mí como a ella. Fueron tardes de gloria a su lado. Fueron mil canciones que ahora descansan en nuestra memoria, pero que algún día volverán a ser cantadas. Fue love on top. Fue par tu. Fue domino. Fue beyonce enamorándonos con sus canciones. Fueron miradas que nos hicieron sonreír. Fueron tardes de invierno, hace poco de la ultima y unas risas en todos los sitios. No le digo que la quiero, pero en el fondo cuando ríe conmigo, la miro y me muero de amor. no es la más loca, pero sí la más dulce.Hoy por ti, mi reina. Por nuestras tardes y por las que nos quedan.

C, de Claudia

Ella, es la última en demostrar que tiene miedo. Ella, es la que nos mueve. La que lo ve todo con los ojos bien abiertos y aún así con la cabeza llena de pájaros. Ella es Claudia.
La de los ojos bonitos y sus bailes en todos sitios. La que tiene voz de ángel y enamoró a medio colegio. La que no esperaba al amor y aún así éste llamo a la puerta. Y llamó para quedarse. La chica X que lo tiene más que calado. Y no hace falta verlo, para creerlo.
Ella, que sueña con los ojos abiertos y se muere por cantar. Por él.
¿Quién lo iba a decir? Quién iba a decir que ella y yo nos íbamos a querer así. Quién iba a decir que la vida nos regalaría tanto a mí como a ella.
Fueron tardes de gloria a su lado. Fueron mil canciones que ahora descansan en nuestra memoria, pero que algún día volverán a ser cantadas. Fue love on top. Fue par tu. Fue domino. Fue beyonce enamorándonos con sus canciones. Fueron miradas que nos hicieron sonreír. Fueron tardes de invierno, hace poco de la ultima y unas risas en todos los sitios.

No le digo que la quiero, pero en el fondo cuando ríe conmigo, la miro y me muero de amor. no es la más loca, pero sí la más dulce.
Hoy por ti, mi reina. Por nuestras tardes y por las que nos quedan.

”No hace falta que me digáis eso de que perdéis la cabeza por eso de  que sus  caderas… ya sé de sobra que tiene esa sonrisa y esas maneras y  todo el  remolino que forma en cada paso de gesto que da. Pero además  la he  visto seria, ser ella misma. Y enserio, que eso no se puede  escribir en  un poema. Por eso, éso que me cuentas de que mírala cómo  bebe las  cerbezas y cómo se revuelve sobre las baldosas, y qué fácil  parece a  veces enamorarse. Todo éso de que ella puede llegar a ser ese  puto único  motivo de seguir vivo y a la mierda con la  autodestrucción… Todo éso de  que los besos de ciertas bocas saben  mejor es un cuento que me sé desde  el día que me dio dos besos y me  dijo su nombre. Pero no sabes lo que es  caer desde un precipicio y que  ella aparezca de golpe y de frente para  decirte, venga, hazte un peta, y  me lo cuentas. No sabes lo que es  despertarse y que ella se retuerza y  bostece, luego te abrace, y luego  no sepas cómo deshacerte de todo el  mundo. Así que supondrás que yo soy  el primero que entiende el que  pierdas la cabeza por sus piernas y el  sentido por sus palabras y los  huevos por un mínimo roce de mejilla. Que  las suspicacias, los  disimulos cuando su culo pasa, las incomodidades  de orgullo que pueda  provocarte son algo con lo que ya te cuento. Quiero  decir que a mí de  versos no me tienes que decir nada, que hace tiempo  que escribo los   míos. Que yo también la veo. Que cuando ella cruza por  debajo del cielo  solo el tonto mira al cielo. Que sé como agacha la  cabeza, levanta la  mirada y se muerde el labio superior. Que conozco su  voz en formato  susurro y formato gemido y en formato secreto. Que me se  sus cicatrices  y el sitio que la tienes que tocar en el este de su pie  izquierdo para  conseguir que se ría, y me sé lo de sus rodillas y la  forma de rozar  las cuerdas de una guitarra. Que yo también he memorizado  su número de  teléfono pero también el número de sus escalones y el  número de veces  que afina las cuerdas antes de ahorcarse por  bulerías.Que no solo  conozco su última pesadilla, también las mil  anteriores, y yo sí que no  tengo cojones a decirla que no a nada, porque  tengo más deudas con su  espalda de las que nadie tendrá con la luna (y  mira que hay tontos  enamorados en este mundo). Que sé la cara que pone  cuando deja de ser  completamente ella, rendida a ese puto milagro que  supone que exista.  Que la he visto volar por encima de poetas que valían  mucho, más que  estos dedos, y la he visto formar un charco de arena  rompiendo todos  los relojes que le puso el camino, y la he visto hacerle  competéncia a  cualquier amanecer por la ventana: no me hablen de  paisajes si no han  visto su cuerpo. Que lo de ”mira sí, un polvo es un polvo” y eso del  tesoro pintado de rojo sobre sus uñas. Y solo los sueños pueden posarse  sobre las cinco letras de su nombre. Que te entiendo. Que yo escribo  sobre lo mismo. Sobre la misma. Que razones tenemos todos, pero yo,  muchas más que vosotros.”

”No hace falta que me digáis eso de que perdéis la cabeza por eso de que sus caderas… ya sé de sobra que tiene esa sonrisa y esas maneras y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da. Pero además la he visto seria, ser ella misma. Y enserio, que eso no se puede escribir en un poema. Por eso, éso que me cuentas de que mírala cómo bebe las cerbezas y cómo se revuelve sobre las baldosas, y qué fácil parece a veces enamorarse. Todo éso de que ella puede llegar a ser ese puto único motivo de seguir vivo y a la mierda con la autodestrucción… Todo éso de que los besos de ciertas bocas saben mejor es un cuento que me sé desde el día que me dio dos besos y me dijo su nombre. Pero no sabes lo que es caer desde un precipicio y que ella aparezca de golpe y de frente para decirte, venga, hazte un peta, y me lo cuentas. No sabes lo que es despertarse y que ella se retuerza y bostece, luego te abrace, y luego no sepas cómo deshacerte de todo el mundo. Así que supondrás que yo soy el primero que entiende el que pierdas la cabeza por sus piernas y el sentido por sus palabras y los huevos por un mínimo roce de mejilla. Que las suspicacias, los disimulos cuando su culo pasa, las incomodidades de orgullo que pueda provocarte son algo con lo que ya te cuento. Quiero decir que a mí de versos no me tienes que decir nada, que hace tiempo que escribo los míos. Que yo también la veo. Que cuando ella cruza por debajo del cielo solo el tonto mira al cielo. Que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior. Que conozco su voz en formato susurro y formato gemido y en formato secreto. Que me se sus cicatrices y el sitio que la tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría, y me sé lo de sus rodillas y la forma de rozar las cuerdas de una guitarra. Que yo también he memorizado su número de teléfono pero también el número de sus escalones y el número de veces que afina las cuerdas antes de ahorcarse por bulerías.Que no solo conozco su última pesadilla, también las mil anteriores, y yo sí que no tengo cojones a decirla que no a nada, porque tengo más deudas con su espalda de las que nadie tendrá con la luna (y mira que hay tontos enamorados en este mundo). Que sé la cara que pone cuando deja de ser completamente ella, rendida a ese puto milagro que supone que exista. Que la he visto volar por encima de poetas que valían mucho, más que estos dedos, y la he visto formar un charco de arena rompiendo todos los relojes que le puso el camino, y la he visto hacerle competéncia a cualquier amanecer por la ventana: no me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo. Que lo de ”mira sí, un polvo es un polvo” y eso del tesoro pintado de rojo sobre sus uñas. Y solo los sueños pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre. Que te entiendo. Que yo escribo sobre lo mismo. Sobre la misma. Que razones tenemos todos, pero yo, muchas más que vosotros.”

Sé que nunca entendiste nada de mí, el miedo a  perderte me impidió mostrarte como era. Nunca te mostré mis miedos, ni  mis deseos, yo solo te quería siempre cerca, a mi lado. Cuando te  conocí, pensé que la luna se me había caído a los pies. Nunca había  visto una sonrisa como la tuya, nunca había tocado unas manos tan  grandes, y esos ojos no parecían ser de este mundo. Yo no era la  chica que conociste, yo tenía miedo a perderte, tenía miedo a que te  fueses detrás del tiempo, yo nunca solté el escudo, luché por esos besos  tanto que cuando decidiste irte no tenía fuerzas para gritarte siquiera  que te quería como nunca lo había hecho. Te echo de menos.

Sé que nunca entendiste nada de mí, el miedo a perderte me impidió mostrarte como era. Nunca te mostré mis miedos, ni mis deseos, yo solo te quería siempre cerca, a mi lado.
Cuando te conocí, pensé que la luna se me había caído a los pies. Nunca había visto una sonrisa como la tuya, nunca había tocado unas manos tan grandes, y esos ojos no parecían ser de este mundo.
Yo no era la chica que conociste, yo tenía miedo a perderte, tenía miedo a que te fueses detrás del tiempo, yo nunca solté el escudo, luché por esos besos tanto que cuando decidiste irte no tenía fuerzas para gritarte siquiera que te quería como nunca lo había hecho.

Te echo de menos.

Perdóname. Perdóname por no saber como  tratarte. Perdóname por llevarte siempre la contraria, por mi  bipolaridad, por mi maldad inofensiva y por mis locuras transitorias.  Perdóname si a veces soy insoportable, perdóname cuando te grito y te  digo que no te quiero, que eres solo un juego, ya sabes que es mentira.  Perdóname por gastarte bromas pesadas, por no decirte lo mucho que te  quiero todo lo que debería ni demostrártelo muy a menudo. Perdóname por  haber cambiado, por no ser la niña dulce e inocente que era no mucho  tiempo atrás. Perdona mis manías, por jugar a ser mayor cuando me siento  tan pequeña. Perdóname, por odiarte a voces y quererte muy bajito, por  mis enajenaciones mentales. Por ponerme como una fiera cuando no tengo  razón y acabar consiguiendo que seas tú el que te disculpes. Perdóname  por dejarme llevar por la gente, por no guiarme por el corazón y por  pensar demasiado, o demasiado poco. Por meditar sobre lo nuestro y  dejarme llevar por impulsos que no me llevan a ninguna parte. Perdona  por ser tan exigente contigo y por pensar que siempre estas contra mi.  Perdóname cuando me equivoco y no lo asumo, cuando te chillo, cuando  lloro, cuando simplemente te hago daño. Perdóname solo si me quieres,  pero perdóname sabiendo que a pesar de todo lo malo; no voy a cambiar,  porque “Las cosas buenas nunca deberían cambiar”. Tal vez, no,  probablemente, no soy quien más te convenga, y habría mil niñas que  fueran mejores que yo, que nunca te llevaran la contraria, que te  regalaran bonitas frases cada día que se portaran mejor que yo. Pero  estoy segura de que siempre serás más feliz conmigo, con esta “princesa”  de nada, soberbia, loca graciosa y paranoica. Porque yo estoy segura de  que soy la sal de tu vida. Y si por algo debes perdonarme es por hacer  que te enamorarás tan locamente de mi.

Perdóname. Perdóname por no saber como tratarte. Perdóname por llevarte siempre la contraria, por mi bipolaridad, por mi maldad inofensiva y por mis locuras transitorias. Perdóname si a veces soy insoportable, perdóname cuando te grito y te digo que no te quiero, que eres solo un juego, ya sabes que es mentira. Perdóname por gastarte bromas pesadas, por no decirte lo mucho que te quiero todo lo que debería ni demostrártelo muy a menudo. Perdóname por haber cambiado, por no ser la niña dulce e inocente que era no mucho tiempo atrás. Perdona mis manías, por jugar a ser mayor cuando me siento tan pequeña. Perdóname, por odiarte a voces y quererte muy bajito, por mis enajenaciones mentales. Por ponerme como una fiera cuando no tengo razón y acabar consiguiendo que seas tú el que te disculpes. Perdóname por dejarme llevar por la gente, por no guiarme por el corazón y por pensar demasiado, o demasiado poco. Por meditar sobre lo nuestro y dejarme llevar por impulsos que no me llevan a ninguna parte. Perdona por ser tan exigente contigo y por pensar que siempre estas contra mi. Perdóname cuando me equivoco y no lo asumo, cuando te chillo, cuando lloro, cuando simplemente te hago daño. Perdóname solo si me quieres, pero perdóname sabiendo que a pesar de todo lo malo; no voy a cambiar, porque “Las cosas buenas nunca deberían cambiar”. Tal vez, no, probablemente, no soy quien más te convenga, y habría mil niñas que fueran mejores que yo, que nunca te llevaran la contraria, que te regalaran bonitas frases cada día que se portaran mejor que yo. Pero estoy segura de que siempre serás más feliz conmigo, con esta “princesa” de nada, soberbia, loca graciosa y paranoica. Porque yo estoy segura de que soy la sal de tu vida. Y si por algo debes perdonarme es por hacer que te enamorarás tan locamente de mi.

Contigo los cafés por las mañanas empezaron a saberle menos amargos. Contigo se dio cuenta de que si estaba a tu lado las mañanas se hacían más cortas y los lunes menos jodidos. Que si estaba contigo no le hacía falta agua, ni tenía frío. Ni miedo. Contigo estudiar se hacía fácil, y las tardes de domingo en invierno eran para dos. Contigo se le olvidaba dormir por las noches y que las bombillas se funden, las tartas se acaban y el amor se gasta. Contigo no le entristecen tanto las despedidas. Porque sabe que no lo son.

Contigo los cafés por las mañanas empezaron a saberle menos amargos. Contigo se dio cuenta de que si estaba a tu lado las mañanas se hacían más cortas y los lunes menos jodidos. Que si estaba contigo no le hacía falta agua, ni tenía frío. Ni miedo. Contigo estudiar se hacía fácil, y las tardes de domingo en invierno eran para dos. Contigo se le olvidaba dormir por las noches y que las bombillas se funden, las tartas se acaban y el amor se gasta. Contigo no le entristecen tanto las despedidas. Porque sabe que no lo son.

Los amores más bonitos son de los que se hacen esperar, pero en los que desde el principio estubieron claros.

Los amores más bonitos son de los que se hacen esperar, pero en los que desde el principio estubieron claros.

+¿Quién iba a decir hace tres años que terminarías así? ¿Qué te ha pasado?-La gente no cambia, ¿sabes? Eres tu el que cambias, con el tiempo te haces más fuerte, o más débil, o terminas por volverte loco. A veces, a veces me da la sensación de que no soy yo mismo el que esta dentro de mi cuerpo. A veces solo tengo ganas de gritar. Gritar muy fuerte, pero sin que nadie me oiga.+¿Y qué haces cuando eso pasa?-Nada. No hago absolutamente nada.


+¿Quién iba a decir hace tres años que terminarías así? ¿Qué te ha pasado?
-La gente no cambia, ¿sabes? Eres tu el que cambias, con el tiempo te haces más fuerte, o más débil, o terminas por volverte loco. A veces, a veces me da la sensación de que no soy yo mismo el que esta dentro de mi cuerpo. A veces solo tengo ganas de gritar. Gritar muy fuerte, pero sin que nadie me oiga.
+¿Y qué haces cuando eso pasa?
-Nada. No hago absolutamente nada.

La primera foto!

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